Ir al contenido
Go back

Cuando nadie lo pide

Nos vendieron la idea de que cada pasión necesita un modelo de negocio.

Que si sabés cocinar, deberías tener un catering. Que si sacás fotos, deberías monetizarlas. Que si te gusta escribir, necesitás audiencia antes de tener ideas.

La cultura hustler no mató la creatividad. Hizo algo más sutil: le puso precio de entrada.

Y el precio es justificarte antes de empezar.

Pero hay un tipo de creación que no pide permiso. Sin cliente, sin audiencia, sin ROI. Que existe solo porque decidiste que existiera.

Un texto que no va a ningún lado. Un experimento que probablemente falle. Caligrafía, joyería, aprender a tocar algo que nadie te pidió que aprendieras.

Ese espacio (sin expectativas, sin métricas) es exactamente donde se revela qué te importa.

No lo que te pidieron crear. Lo que querías crear vos.

La diferencia parece pequeña. No lo es.

Las vidas creativas que vale la pena vivir no son accidente. Son el resultado de haberse hecho esa pregunta con honestidad, y de haber actuado desde la respuesta aunque nadie estuviera mirando.

Chase Jarvis habla de esto como un hábito. No una epifanía. Un hábito. El de crear sin esperar que alguien lo pida primero.

Porque lo que construís cuando nadie mira es lo único que podés llamar tuyo con certeza.

¿Qué estás construyendo cuando nadie lo ha pedido todavía?


Share this post on:

Next Post
Inteligencia sin criterio