El mercado no compra soluciones. Compra trucos.
El automatizador que habla de “entrenar modelos” vende ilusión de complejidad cuando probablemente solo configuró un prompt. Pero esa narrativa suena a innovación, a ventaja competitiva, a algo exclusivo.
El consultor que habla de mapear procesos primero suena a trabajo.
Y nadie quiere comprar trabajo.
Mientras entendemos la complejidad real y somos prudentes, alguien más promete lo imposible con total convicción.
El mercado premia a quien simplifica agresivamente, aunque sea ficción.
Hasta que la magia se desvanece y el truco queda expuesto.