Hoy iba a escribir sobre algo que me genera tensión: la gente automatizando su presencia en redes. Ya lo escribí. Está aquí.
Pero justo cuando lo iba a compartir me acordé: ya lo he dicho antes. Algunas veces con más fuerza que otras. Y cada vez que lo hago, los comentarios más agresivos llegan: que no entiendo la tecnología, que la uso mal, que me quedé en el pasado.
Me siento como el mago enmascarado de esa serie vieja. El que pasaba cada episodio revelando trucos de magia. Arruinando la ilusión.
Y aquí está lo irónico: soy fan de Claude. Hace poco escribí un post completo sobre eso. Uso Claude Code desde el día que salió. No solo para código, lo uso como mi propio Jarvis.
Sin tanta automatización, porque me gusta tener que escribirle muchas cosas. Porque no todo necesita IA.
A veces una expresión regular hace el trabajo y mis gastos se clasifican solos en Google Sheets. Sin consumir APIs, sin IA involucrada. Mismo resultado, más simple, sin costos extra.
Entonces, ¿en qué polémica estamos realmente?
Mi mejor post de este año fue sobre la lectura. Sobre cómo mi hija la ama. Lo que muchos no ven es que mi hija tiene iPhone e iPad desde hace mucho. Consume series. Juega Roblox. Usa ChatGPT mejor que muchos adultos.
Pero aún así, prefiere escaparse a leer.
No es tecnología vs. humanidad. Nunca lo fue.
Es intención vs. inercia.
Puedes usar todas las herramientas y aun así mantener lo que te hace tú. O puedes usar ninguna y perder tu voz en el ruido de lo que crees que deberías decir.
La tecnología no es el problema. El piloto automático sí.
Y sí, voy a seguir siendo el mago que arruina trucos. Porque alguien tiene que recordarnos que la magia real no está en el truco.
Está en saber por qué lo estás haciendo.