Cada vez veo más gente presumiendo sus sistemas automatizados para crear contenido. Recolectar tendencias, analizar con IA, generar posts, publicar automáticamente.
El resultado: volumen sin propósito.
El problema no es la herramienta. Es confundir presencia con algo que decir.
Hay una creencia escondida ahí. La idea de que el contenido valioso viene de afuera. De lo que está funcionando en los algoritmos. De buscar “temas de interés” para crear posts que funcionen.
Como si crear fuera simplemente encontrar el tema correcto y darle el formato correcto.
Pero crear no es eso.
Crear es procesar. Es conectar ideas que nadie más ha conectado. Es decir algo que solo tú puedes decir, de la forma en que solo tú puedes decirlo.
Cuando automatizas eso, produces ruido con buen formato.
Y no solo pasa con quien automatiza posts. Pasa con quien no quiere leerse el libro sino solo ver el mapa mental. Con quien en vez de estudiar diferentes temas prefiere que la IA los conecte por él.
Vivimos con afán y búsqueda de atajos. Pero hay atajos que cuestan más de lo que ahorran.
Podríamos usar la IA para explorar ángulos que no habíamos considerado. Para clarificar ideas. Para procesar información.
Pero solo si lo que compartimos sigue siendo nuestro.
Lo peligroso no es la tecnología.
Lo peligroso es querer automatizar lo que compartes.
Porque eso significa que no hay reflexión en el proceso. No hay riesgo. No hay aprendizaje.
Y cuando eliminas eso, lo que produces deja de importar.
Ni a ti ni a nadie.
Porque si no hay aprendizaje para ti, ¿por qué habría valor para quien te lee?