Ir al contenido
Go back

La trampa de la complejidad en los futuros

Ayer entregué un informe. Tenía fuerzas motrices, análisis de tendencias, exploración de incertidumbres y páginas de investigación profunda. Al presentarlo, alguien dijo: “Ah, claro. Eso es lo que necesitamos”.

Ese “necesitar” casi siempre viene acompañado de la sensación de que es fácil. Ese es, quizás, el mejor cumplido que un diseñador de futuros puede recibir.

Me hizo pensar en John Baldessari. Durante los años 70 se convirtió en leyenda haciendo obras escandalosamente sencillas: puntos de colores en caras de fotografías, videos repitiendo movimientos de vaudeville. Cuando alguien le dijo que sus cosas parecían tan simples que casi cualquiera podría hacerlas, su respuesta fue espectacular.

Su modelo siempre fue Matisse. “Pero él mismo decía que una pintura no está terminada hasta que ha vuelto al yunque 20 veces”, relató. “Tratar de que se vea simple, esa ha sido mi meta”.

Ese es el truco del trabajo bien hecho.

Si entregas un informe lleno de jerga y terminología futurista de nicho, la gente pensará que eres muy inteligente. Pero no sabrán qué hacer el lunes por la mañana.

Si, en cambio, tomas toda esa inmensidad y la golpeas contra el yunque 20 veces hasta destilarlo en una conversación clara, dirán: “Se ve fácil”.

Crear futuros no se trata de impresionar con nuestra capacidad de calcular probabilidades. Se trata de darle agencia a las personas. Y la agencia siempre requiere claridad.

¿Cuántas veces estás dispuesto a llevar tus ideas al yunque antes de compartirlas?


Share this post on:

Next Post
El futuro en el pasado