Los mejores maestros no enseñan lo que saben. Enseñan cómo aprender.
Imagina un líder explicando la solución completa a su equipo. Paso por paso. Perfectamente clara.
¿Qué crees que pasa la próxima vez que aparece el mismo problema? Exacto, nadie sabe qué hacer.
Hay una diferencia enorme entre transmitir conocimiento y desarrollar la capacidad de seguir aprendiendo. El primero es un activo que se deprecia. El segundo es una habilidad que se compone.
Contratamos coaches. Buscamos mentores. Consumimos contenido sin parar.
Creemos que más información nos hace mejores. Pero el contenido no construye la capacidad. Solo llena el espacio donde debería estar el pensamiento.
Y ahora tenemos IA que responde cualquier pregunta al instante.
Genera soluciones. Planes. Estrategias completas. Y sin embargo, no nos hace mejores en resolver el siguiente problema.
Porque dar la respuesta no es lo mismo que enseñar a pensar.
El trabajo del líder, del mentor, del coach, no es transferir lo que sabe hoy. Es construir en el otro la capacidad de aprender lo que necesitará mañana.
Como en una carrera de relevos, lo que importa no es qué tan rápido corriste tú.
Es si lograste pasar el testigo.
Y ese testigo no es lo que sabes. Es la habilidad de seguir corriendo cuando ya no estés.