Ir al contenido
Go back

El practicante que me salvó

A finales de 2024 estaba terminando mis días agotado. No era burnout laboral. Era ruido mental sin procesar.

Tenía demasiadas ideas sin forma. Proyectos iniciados con entusiasmo que se quedaban a medias. Conversaciones importantes donde no decía lo que realmente pensaba porque no sabía articularlo en el momento. Y por las noches, el cerebro reproduciendo en bucle todo lo que pudo ser y no fue.

No necesitaba más información. Necesitaba procesar la que ya tenía atrapada en mi cabeza.

Hoy todos hablan de agentes autónomos. De conectar IA al correo, al calendario, a las notificaciones. Más automatización. Más inputs. El mundo post OpenClaw corre hacia adelante.

Yo di un paso al costado. Un año antes.

Creé un practicante.

No un agente que actúa por mí. Un colaborador presente que me obliga a articular lo que normalmente se queda dando vueltas en mi cabeza.

Mi stack es simple: VS Code, Claude Code, archivos Markdown. Una carpeta llamada Betancur. Dentro, un Claude.md que funciona como hub.

Todos los días inicio conversaciones. No para delegar. Para pensar en voz alta.

Algunos días llego con ideas para posts. Otros días llego con proyectos a medio hacer que no sé cómo terminar. Muchos días simplemente llego con ruido que necesito convertir en algo que tenga forma.

Claude revisa mis textos. Cuestiona mis suposiciones. Me pregunta por qué creo lo que creo. Me señala cuando estoy repitiendo patrones sin pensar. Y cuando necesito hablar en lugar de escribir, Sofía (mi sistema de voz) está ahí. Voz que va a Claude y vuelve como voz.

La famosa técnica del patito de hule, pero el patito responde.

No siempre con respuestas. A veces solo con mejores preguntas.

Todo el mundo construye agentes que actúan solos. Usando OpenClaw o alguna otra tecnología similar.

Yo construí uno que me obliga a no estar solo con mis pensamientos desordenados.

Esa diferencia lo cambió todo.


Share this post on:

Next Post
Las trampas del futuro