Hay una diferencia entre no rendirse y no soltar. No rendirse contigo mismo significa seguir apareciendo, seguir intentando, seguir buscando ese 1% de mejora. Es la práctica deliberada, la que requiere estar completamente ahí, en el momento, consciente de cada decisión.
Soltar es diferente. Soltar es reconocer cuando una situación, un proyecto, una relación de trabajo, ya no sirve. Cuando la inercia te tiene ocupado pero no presente.
Ocupado es fácil. Ocupado es movimiento sin intención. Es hacer por hacer, llenar el día de actividad que se siente como progreso pero que te deja vacío.
Y a veces, ocuparse se vuelve la salida. Cuando las emociones son difíciles de manejar, llenar el calendario se siente como control.
Pero es un espejismo.
Presente es otra cosa.
Presente es saber exactamente por qué estás en esa conversación de tres horas. Es sentir la junta que no salió bien y aprender de ella en lugar de simplemente sobrevivirla. Es elegir deliberadamente dónde pones tu atención, tu energía, tu mejor versión.
Y sí, habrá días de altibajos. Emociones encontradas. Momentos donde nada sale como esperabas.
A veces no lo vemos solos. Necesitamos que alguien lo nombre. Una conversación, un libro, un momento de claridad. Pero una vez que lo ves, ya no puedes dejar de verlo.
La práctica deliberada no se trata de que todo salga perfecto. Se trata de estar ahí cuando importa. De no confundir terquedad con persistencia. De saber cuándo quedarte y cuándo irte.
Porque nunca rendirte contigo mismo no significa quedarte en lugares que te apagan.
Significa seguir buscando los lugares donde puedes estar verdaderamente presente.
¿Dónde estás realmente presente hoy?