Ir al contenido
Go back

No romper la cadena

Claudia Restrepo escribe sobre algo incómodo: la sensación de que todo se diluye. Leemos, conversamos, vivimos momentos… y horas después apenas los recordamos.

“Brain rot”, lo llamaron en Oxford. No como enfermedad. Como intuición cultural.

Mucho pasa, poco queda.

La memoria necesita pausa. Necesita que algo se asiente. Y sin embargo, seguimos saltando de una cosa a otra, interrumpiendo, retomando, volviendo a interrumpir.

Pero hay algo más silencioso que la memoria fallando: la motivación que se agota.

Teresa Amabile pasó años en Harvard estudiando qué nos mantiene motivados. No encontró grandes discursos ni metas épicas. Encontró algo más simple: progreso.

El problema es que el progreso es casi invisible en tiempo real.

Pinto todos los días con óleo pastel. Si miro mis cuadros de hoy contra los del año pasado, la diferencia es enorme. Si los comparo con los de la semana anterior, casi no hay cambio.

Lo mismo pasa con la IA. Lo que puedo hacer hoy versus ayer no es tanto. Pero lo que hacemos hoy contra lo que podíamos en 2022… ahí sí hay algo.

El progreso es real. Solo que no lo vemos mientras ocurre.

Jerry Seinfeld lo tiene claro: no romper la cadena de Xs. Cada día, una marca en el calendario. “Escribe un chiste”. La idea no es escribir el mejor chiste. Es mantener el ritual.

Cuando me pregunta la gente: ¿cómo escribes diario? ¿A qué horas pintas, lees, juegas con tecnología?

No romper la cadena.

Escribir. Caminar. Pintar. Jugar con tecnología. Leer a las 4am.

No romper la cadena.

Es sencillo hasta que lo dices en voz alta. Entonces suena a disciplina militar. A sacrificio. A renunciar a la espontaneidad.

Pero no se trata de eso.

Se trata de crear las condiciones para que algo se quede. Para que la memoria tenga chance de hacer su trabajo más profundo: convertir los días en experiencia. Para que el progreso, aunque invisible, se acumule.

Al final del día, esas cadenas no rotas se traducen en progreso. Progreso que sí vemos.

No en la marca de ayer. No en la comparación con la semana anterior.

Pero cuando miras atrás seis meses, un año… ahí está. Silencioso. Acumulado. Real.

Tal vez la motivación no viene de vernos avanzar cada día.

Viene de confiar en que algo se está quedando, aunque no podamos verlo todavía.


Share this post on:

Next Post
Cuando la tecnología te hace sonreír