Ir al contenido
Go back

El molde

Quería creerle. Me enganchó. Como esos podcasts que reconstruyen la historia de una empresa desde el garaje hasta la bolsa: uno sabe que es producción, pero igual se deja llevar.

Tres publicaciones seguidas. Contenidos distintos. Una de ellas era, precisamente, una queja sobre el ruido de LinkedIn, escrita con el formato exacto del ruido.

El mismo molde, tres veces.

Y siempre le pasó a alguien más.

Una amiga. Un ejecutivo en un vuelo. Un niño que conocí. Una historia que leí. Nunca en primera persona. Nunca algo verificable. Siempre a una distancia exacta: suficientemente cerca para emocionar, suficientemente lejos para no poder preguntar.

Y entonces giró.

Exactamente donde tenía que girar. El insight en el momento preciso. La emoción en el párrafo correcto. La pregunta al final para que uno comente.

Ahí lo vi.

No es que la historia fuera falsa. Es que era perfecta. Y las cosas perfectas no pasan así. La vida real es irregular, incómoda, no cierra tan bien.

El molde no miente con datos. Miente con forma.

Y no es solo la historia con personaje secundario. También es el análisis con exactamente cinco puntos. El framework con tres capas. Las “verdades incómodas” que nadie te dice pero que resultan ser las mismas que te dijeron la semana pasada. La conclusión que abre con “lo que aprendí es” y cierra con un link.

Puede haber ideas reales adentro. Eso es lo que lo hace difícil. Y el envase está optimizado para que no te detengas a pensar si hay algo adentro.

La IA bajó el costo de producir ese envase hasta cero.

El cansancio no es indignación. Es algo más banal: ya no sé qué es real. Y en algún punto dejé de intentar distinguirlo.

Eso es lo que me inquieta.

No el fraude. Sino la pregunta que dejé de hacerme: ¿esto pasó, o simplemente está bien construido para parecer que pasó?


Share this post on:

Previous Post
La confesión incómoda
Next Post
La instrucción que importa